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domingo, 11 de septiembre de 2011

Presentación: Estado de la corrupción en la Argentina y en el mundo. 1990-2011

de Página/12, 11/9/2011, por Horacio Vebistky

Hablemos de la corrupción

José Massoni fue el primer presidente de la Oficina Anticorrupción, entre 1999 y 2002, bajo la presidencia de Fernando de la Rúa y el interinato de Duhalde. Con el aséptico título de Estado de la corrupción en la Argentina y en el mundo, 1990-2011, Massoni acaba de publicar un libro que presentará mañana a las 18.30, en la Asociación de Abogados de Buenos Aires. El ex juez y camarista analiza la “corrupción sistémica” que se instaló con el golpe criminal del 24 de marzo de 1976, que “pegó en las bases estructurales de un estado nación independiente”, liquidó la industria que estaba a punto de despegar hacia el desarrollo y la sustituyó por la importación y el negocio financiero, desarticuló el sistema tecnológico, redujo a la mitad la participación del salario en el Producto Interno Bruto y endeudó a la sociedad. El primer gobierno electo después de la dictadura terminó antes de tiempo por “un golpe de mercado producido por los principales grupos económicos” en una “utilización del poder económico de manera corrupta determinando políticas públicas a favor de sus intereses y contra los del país”. A partir de 1989 Carlos Menem fue “el estandarte de un fenómeno político y social nunca sucedido en la historia argentina: que tomara el poder total el capital dominante en el país y en los centros de poder internacional”. Comenzó así el más acelerado proceso de remate del capital social acumulado por generaciones de argentinos en las empresas públicas, “una perversión total, un saqueo de los bienes de los argentinos, una operación de corrupción monumental, de dimensiones inimaginables”. Cada privatización podía “disputar el liderazgo en una competencia de aspectos profundamente corrompidos, que involucraban millones y millones de dólares”. La Alianza se impuso en 1999 agitando la bandera de la lucha contra la corrupción, sin percibir que ésa era la explicación pergeñada por el Consenso de Washington para atribuir a la corrupción del gobierno “los desastres producidos por la política económica”. Massoni sabe de qué habla. Cuanto más eficaz fuera la Oficina Anticorrupción que él encabezaba, más funcional resultaría “a esa línea que bajaba desde el imperio”, dice. La Alianza asumió “en condiciones estructurales de un país empobrecido hasta el vaciamiento”, con un elevado déficit fiscal y una deuda externa con vencimientos anuales agobiantes. Esas “cuestiones cruciales eran sepultadas hasta el punto de la inexistencia pública por las noticias vinculadas a la corrupción local”. Con lo que el ex fiscal llama “ineficacia suicida”, aquel gobierno ni pensó en “cambiar la situación de manera drástica, con consciente participación popular”. En cambio, sólo atendió “las urgencias coyunturales dentro del mismo esquema de dependencia a los organismos financieros internacionales” y de ese modo “con rapidez meteórica dilapidó su capital político”. Massoni anota que “no entran en la lista de los actos transparentes y honestos quitarles de un plumazo a los asalariados, mediante un úcase dictado entre gallos y medianoche, dos tercios de sus ingresos en beneficio directo de los empleadores; ni licuar los ahorros de los pequeños y medianos ahorristas en beneficio de los grandes bancos nacionales y extranjeros”. Estos fueron “monumentales actos de corrupción masiva perpetrada desde el poder y, por ende, absolutamente impune”. Terminada la política de privatizaciones neoliberal “dejó de existir la insuperable fuente de corrupción que ella constituía por sí misma”.

Nota completa en www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-176527-2011-09-11.html